Uno de los conceptos cinematográficos a los que menos atención
presta el gran público y una gran parte de cineastas aún en activo (al
menos en su empleo narrativo y artístico) es sin duda el sonido.
Basta ver el espacio que se le concede en cualquier clase de
premios anuales, no digamos ya en los festivales de cine, comparado
con la fotografía. En muchos casos, se trata de una disciplina menor,
meramente técnica, un “acompañamiento” a las imágenes. En el
rodaje, el jefe técnico es el director de fotografía, y aunque los más
grandes operadores probablemente conocen y entienden el sonido
del cine, el departamento de sonido no posee tanta importancia, ni de
lejos, como el equipo de cámara durante la filmación, ni muchas
veces conoce un tratamiento a fondo durante la postproducción.
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